El arquitecto Moneo y el «pasillo de la muerte»

27 Mar, 2011 | Por | Seccion: Arquitectura
Terminal de salidas de la estación de Atocha (Madrid)

Terminal de salidas de Atocha

El arquitecto Rafael Moneo pasa por ser uno de los genios de nuestro tiempo. Pero sus dos últimos proyectos en Madrid no han sido muy afortunados. Uno es la ampliación del Museo del Prado. El otro, el que nos interesa aquí, es la terminal de llegadas de alta velocidad de Atocha, que ya empieza a ser conocida como el «pasillo de la muerte». Este fin de semana lo pude comprobar personalmente al recibir a mi familia cuando regresaba de un viaje a Cádiz. Hacia las nueve de la noche coincidieron las llegadas de cuatro o cinco trenes: dos de Barcelona, uno de Alicante, otro de Sevilla y el que esperaba, procedente de Cádiz. Moneo ha dispuesto que todos los pasajeros salgan al mismo tiempo por el mismo sitio como si fuera una marabunta.

La salida en cuestión transcurre por un enorme tubo que conecta los andenes con el vestíbulo de la terminal. Los pasajeros que llegan cansados del viaje tienen que afrontar un recorrido suplementario cargados de maletas y niños, en medio de un gentío que podría compararse con la salida de un gran estadio de fútbol. El diseño recuerda a uno de esos interminables complejos aeroportuarios que se encuentran en el mundo. Equipado con dos cintas transportadoras de pasajeros para aligerar el trayecto, el avance de la gente da terror. Parece un hormiguero gigante por el que discurren miles de criaturas apresuradamente, temerosas de ser arrolladas por la multitud que les sigue.

Por su parte, los familiares que esperan en el vestíbulo no tienen tiempo de escanear con la mirada todos los rostros que escupe el pasillo de la muerte. La triste imagen recuerda las colas interminables de los campos de concentración nazis que alimentaban las cámaras de gas. Pero lo peor está por llegar. Cuando esa multitud se dispone a salir a la calle comprueba que no cabe por las dos puertecillas que Moneo ha dispuesto para alcanzar la plataforma de los taxis. Enseguida se forma un tapón claustrofóbico que algún día provocará un accidente. La marabunta se detiene, forcejea, tropieza. Una serpiente de seres hastiados de tren y pasillos interminables conecta la plataforma de los taxis con el vestíbulo, el tubo de llegadas y los andenes.

Termiknal de salidas de la estación de Atocha

El pasillo interminable

Antiguamente  los pasajeros salían conforme llegaban los trenes, de uno en uno. Ahora coinciden cuatro o cinco a la vez y no caben por la salida diseñada por el afamado arquitecto.

Tampoco es posible coger un taxi. La gente se desparrama como puede entre las cabezas de Antonio López (vaya ocurrencia cara e inútil), en una explanada sin un solo árbol para cuando lleguen los calores, sin espacio para que aparquen los coches particulares que llegan a recoger a sus familiares y sólo con acceso a un paso de peatones amenazado por la otra marabunta de los taxis que empiezan a cargar hormigas a destajo.

En medio de ese amable escenario aparece un minusválido, al que un atento operario de Renfe ayuda a salir entre la multitud. La arquitectura de Moneo es un ejemplo de incapacidad, de pastiche feo. Ya era horrible el tarugo circular que dibujó como acceso a la terminal de cercanías. Después no acertó con el acceso a los trenes de larga distancia, que sólo con el tiempo ha ido modificando su estructura hasta dar con la solución de la primera planta para saltar a los trenes a través de esas grandes rampas mecánicas que depositan a los pasajeros en los andenes. Pero ninguna de estas soluciones fue prevista desde el principio por el arquitecto. Y todo eso sin hablar de los grandes espacios inútiles a los que aún no se ha encontrado función en esa primera planta de la estación. Todo entre horribles paredes y columnas de hormigón.

No sé si el diseño de la estación de metro de Atocha-Renfe en su día también fue cosa de Moneo. En cualquier caso, su aspecto está en sintonía con el interior de la estación, con ese gris hormigonal. Probablemente sea la única estación de toda la red suburbana que carece de escaleras mecánicas. ¡Da una fatiga ver a los pasajeros cargar con sus maletas por las escaleras sin ver por ningún lado una solución mecánica….!

Arquitectura amable y funcional por tanto, obra de un genio de nuestro tiempo, muy premiado, pero al que desde aquí condenaría a transitar por el pasillo de la muerte de Atocha hasta el fin de sus días.

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Un comentario
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  1. Es verdad. El otro día llegué de Barcelona y por ese pasillo se lanzó una multitud que casi arrastró a una señora que iba enn una silla de ruedas. Todo el mundo trata de salir lo antes posible, corriendo con las maletas, a ver quién llega primero a los taxis o a darse un cabezazo contra los muñecos de Antonio López.

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