Malick y el árbol de la vida en Escalada y San Baudelio

11 Oct, 2011 | Por | Seccion: Actualidad

El árbol de la vida del Paraíso que se menciona en la Biblia es uno de los elementos esenciales que estructuran la película del mismo nombre del director texano Terrence Malick. Los árboles crecen mientras pasa la vida. Como simbólicamente ocurre con el árbol del jardín de la casa familiar que nos presenta Malick en su alegórica película. Un árbol visto desde abajo, en perspectiva, o la vida vista a través de las hojas de ese mismo árbol, donde juegan los niños y bajo cuya copa la madre recibe la noticia de la muerte de su hijo.

El árbol de la vida, en el beato de Escalada

La película de Malick tiene incluso una “estructura arborescente”. Se trata de un relato con tentáculos que saltan del universo en expansión a las profundidades abisales, donde debieron aparecer los primeros síntomas de la vida tal y como la conocemos.

El origen del cosmos y su evolución culminan en ese árbol de la vida que es el mismo sobre el que Nabucodonosor interroga a Daniel en el Antiguo Testamento: “Miraba yo y vi en medio de la tierra un árbol alto sobremanera. Aquel árbol creció y se hizo corpulento. Su cima tocaba los cielos, y se le veía desde los confines de toda la tierra. Era de hermosa copa y ramaje, y daba abundantes frutos. De él saldría mantenimiento para todos. Las bestias del campo se cobijaban a su sombra, y en sus ramas podían anidar las aves del cielo”.

El beato de Escalada recreaba ya en el siglo X, al filo del milenio, ese árbol que inspiró en el reino de Castilla la decoración de numerosos establecimientos religiosos profusamente pintados con motivos arbóreos que representaban algo parecido a lo que ahora presenta el director de El árbol de la vida.

El árbol de la vida en la ermita de San Baudelio

En la ermita de San Baudelio, en Berlanga de Duero (Soria), sin ir más lejos, se encuentra el mejor ejemplo de la riqueza artística y cultural de la época, donde se mezclan escenas de caza con figuras de guerreros y animales como las que llenan las páginas de los beatos.

La palmera de piedra que preside el interior de la ermita de San Baudelio y que se muestra junto a estas líneas se construyó a imagen y semejanza del árbol que describen los beatos y que ahora reproduce Malick en su película, como representación de la humildad y la justicia que, a pesar de todo, crecen en el desierto. El mensaje es el mismo, en torno a la bondad y la humildad que requiere el paso por la vida.

En las paredes y columnas de San Baudelio han quedado impregnados los miedos de sus moradores y las escenas de la vida cotidiana que tenían lugar a finales del primer milenio, cuando el hambre, la peste, la guerra y la muerte, o los cuatro jinetes del Apocalipsis, representaban esa idea del fin del mundo que aparece en las miniaturas de los códices de la época y que está en el trasfondo de la película de Malick.

En las ilustraciones de los beatos realizadas al filo del año mil, los muertos son juzgados según los libros sagrados, antes de ser arrojados a un gran horno en llamas donde penan eternamente los condenados.
Malick ofrece una representación también trascendente de la vida y el cosmos, que confluyen en esa playa repleta de almas perdidas vagando junto al mar, donde se encuentran los padres, los hijos y los hermanos muertos.

Precisamente el niño que muere en la película y que mantiene a Sean Penn con la mirada perdida, confundido entre la empresa para la que trabaja ya en su edad madura y el desierto por el que persigue al hermano desaparecido, es uno de los símbolos de la obra de Malick, que tiene además un origen autobiográfico, tal y como ha apuntado el crítico Manuel Hidalgo en El Mundo.

De hecho, la película contiene claves biográficas de su director que la explican en parte. El dato de más peso que ofrece el periodista en su informada reseña se refiere a la visita que en los años sesenta hace a Madrid Larry, uno de los dos hermanos de Malick, para estudiar guitarra con Andrés Segovia. Cuenta Hidalgo que Larry, abrumado por la exigencia, cayó en una depresión y que se rompió las manos aposta. El padre quiso entonces que Terrence viniera a Madrid a ayudar a su hermano. Pero Terrence no vino y Larry se suicidó.

El árbol de Malick

El episodio tiene su reflejo en la familia protagonista de El árbol de la vida, que está integrada por tres hermanos, de los cuales uno muere, e impregna de dolor todo el relato. La combinación del dolor por la muerte del niño con las luminosas imágenes en torno al desarrollo de la vida, al estilo National Geographic, provoca en el espectador estados de ánimo que pasan del aburrimiento más supino  al regusto por el tempo de la película ante la recreación pausada del nacimiento y evolución del mundo y de las especies junto a la propia evolución personal y familiar.

Ese tempo pausado lo consigue Malick a través de la música de Berlioz, Brahms, Mozart y Bach, que se escuchan en sintonía con la explosión del cosmos que originó la vida y la Naturaleza. Esa música, por otra parte, es la que surge y evoluciona a partir del antifonario mozárabe como antecedente de la polifonía, que se canta en los monasterios medievales, cuando Beato, el monje del siglo octavo que vivió cerca del Monasterio de San Martín de Turieno, en la comarca de Liébana, en Cantabria, donde hoy se levanta el monasterio de Santo Toribio de Liébana, escribió sus famosos Comentarios al Apocalipsis de San Juan, en los se consideraban a los herejes como fruto del Anticristo.

Y es que este aspecto religioso está presente en el trasfondo de toda la película de Malick, que se debate entre el bien y el mal y que acepta el dolor como forma de integrar a Dios en la Naturaleza.Todo muy filosófico, como la formación que recibió Malick en su juventud, primero en Harvard y después en Oxford, donde, informa Hidalgo, no termina su tesis doctoral sobre Martin Heidegger.

Malick fue también alumno de Stanley Cavell, que, tal y como señala Hidalgo, por un lado dejó en el director la huella de los trascendentalistas americanos, Emerson y Thoreau, “tan vinculados a la Naturaleza y al panteísmo”, y por otro, las ideas de Wittgenstein en torno a lo místico y a la exploración de los límites y de lo inexpresable.

Detalle de la palmera de piedra de San Baudelio

En la referencia al árbol de la vida que aparece en el Beato de Escalada, del siglo X, editado en facsímil por Casariego, el estudioso norteamericano John Williams rescata otro pasaje en el que Daniel relata su sueño a Nabucodonosor, y lo sitúa a medio camino entre Dios y esa Naturaleza que tan presente tiene Malick: “Vi que bajaba del cielo uno de los que velan y son santos;  y gritando fuertemente, dijo: Abatid el árbol y cortad sus ramas, sacudid su follaje y diseminad los frutos, que huyan de debajo de él las bestias, y las aves del cielo de sus ramas; pero dejad en la tierra el tronco con sus raíces, y atadle con cadenas de hierro y de bronce, […] y tenga por parte suya, como las bestias, la hierba de la tierra”. Así, los paralelismos entre la película de Malick y el Antiguo Testamento cuyos pasajes reproducen los beatos castellanos son constantes: “Mi señor –dice Daniel–, que el sueño sea para tus enemigos, y la interpretación para tus adversarios. El árbol que viste que se había hecho grande y fuerte eres tú, ¡oh rey!, que has venido a ser grande y fuerte.Te arrojarán de en medio de los hombres, y morarás entre las bestias del campo, y te darán a comer hierba, como a los bueyes; te empapará el rocío del cielo”.

Ese árbol de la vida del Génesis ofrece frutos como los que Malick encuentra en el agua, el aire y la tierra, tal y como aparecen también en el dibujo del maestro medieval Maius en el beato de Escalada, que se puede ver junto a estas líneas y que remata el relato de Malick, en el que se incluyen  tres nidos con varias parejas de pajaritos pequeños recibiendo la atención de sus padres. Puro Malick.

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